Sábado 21 de mayo de 2005

Queridos Hermanos.

Le he pedido a Jesucristo que me ilumine mucho para este momento, pues al querer incluir en este sitio web, una sección que nos hablen de testimonios de fe dentro de nuestra religión católica, precisamente como muestra y valuarte de conversión Cristiana, lo he querido hacer sólo para su gloria, pero hasta este momento no se me ha ocurrido como diseñar esta sección, que incluir, o que testimonios incluir, con que personas hablar, por qué medio solicitar los testimonios para luego publicarlos, todo esto pensando en la seriedad y el profesionalismo cristiano con el que he de manejarlo. Pero anoche, pensé, el primer testimonio que tendría que dar sería el mío.

Pues sí, puesto que no hay que creer que por el hecho de tener un sitio como este el web, dedicado a dar a conocer la palabra de nuestro Señor, quiera decir que yo o los que colaboran en este trabajo seamos santos. Si bien es cierto que tratamos de agradar a nuestro Señor, apenas estamos en ese camino y queremos de todo corazón agradarle.

Pero no es fácil hermanos, más cuando se ha vivido dentro de tanta maldad, pues nos consideramos clientes que se han escapado de seguir comprándole al demonio la esclavitud del pecado para pasarnos a ser Clientes del Señor Jesucristo para comprarle la Libertad que nos trae la Salvación de creer en él. Y como es lógico, el primer vendedor no está contento con la pérdida de tan grandes clientes y nos acecha con más fuerzas para poder recuperarnos.

Y sí, digo tan grandes clientes, porque eso es lo era, en mi caso un pecador muy grande, y aclaro que aún no lo he dejado de ser, Pero doy gracias a Dios por su inmensa misericordia que siempre me acoge y me defiende de este primer vendodor que me atormenta.

Incluso se, que para algunos de aquellos que me han conocido, piensan que podrían ser puras patrañas mías o que eso de mi conversión sea pura mentira. Y eso es comprensible, porque no es fácil creer y sobre todo para esas personas que han sido víctimas, algunas lejanas, otras muy directas de las consecuencias del pecado que cargaba en mi ser. Se además que no tengo necesidad de nombrarlas puesto que si algún día leen esta reflexión sabrían que me refiero a ellas.

Y en parte, tienen razón, no es fácil pues cambiar la condición de pecador, y diría que hasta tendrían la razón en darme la espalda, de pronto les he podido hacer otro daño. Sin embargo le pido al Dios del Cielo que me ilumine y que no me deje caer en tentación. Le pido todos los días a nuestro Señor Jesucristo que me enseñe y que por favor rece con migo esa oración maravillosa que lo dice todo. El padre Nuestro.

Que el señor nos siga bendiciendo y nos siga regalando su hermosa paz.

Por lo pronto puedes contactarme al email yoimaryoana@gmail.com si quieres compartir experiencias de fe a través de esta sección.

BUENA NUEVA