CIUDAD DEL VATICANO
- El ataúd del Juan Pablo II dejó el atrio de la Plaza de San Pedro este
viernes a las 12 y 45 del día (5 y 45 de la mañana en Colombia) para ser
enterrado en una ceremonia íntima en la cripta de la Basílica vaticana.
En medio de una larga ovación, el féretro del Papa fue cargado en procesión
al lugar donde será enterrado, en la cripta de la Basílica de San Pedro,
uno de los lugares más importantes de la cristiandad, al lado de la tumba
de San Pedro.
El ataúd fue expuesto por algunos minutos ante los fieles por última vez,
lo que desató ovaciones, aplausos y gritos de la muchedumbre, que clamaba
por su rápida canonización.
Numerosos obispos agitaban sus manos despidiendo así por última vez a
uno de los pontífices más carismáticos de la historia.
Las campanas de San Pedro repicaban el toque de difuntos.
La ceremonia exequial
A las 10 y 19 hora de Roma (3 y 19 de la madrugada en Colombia), el cardenal
Joseph Ratzinger impartió la bendición de inicio de la ceremonia religiosa
que despide al Papa Juan Pablo II.
En un sencillo ataúd de madera que enarbolaron en sus hombros de 12 caballeros
antiguos portadores de la Silla Gestatoria de Roma, llegó a la Plaza de
San Pedro el cuerpo del Papa Juan Pablo II.
En total, 164 cardenales concelebraron el sepelio. Cada uno, con acólitos
y turiferarios, observaron todos los ritos de inicio de la ceremonia del
pastor.
En su homilía, el cardenal Ratzinger recordó cuando fue ordenado sacerdote,
"lo fue siempre hasta el fondo", dijo, y subrayó que en la frase "Como
el Padre me ha amado, así os amo yo, os llevo en mi corazón" se ve toda
la figura del Pontífice.
Agregó que despertó a los hombres de una "fe cansada, del sueño de los
discípulos de ayer y hoy. Levantaos, Vamos, también nos lo dice a nosotros".
Destacó que Juan Pablo II siempre buscó el encuentro con todos,
que tuvo capacidad de perdón y de apertura de corazón.
"Nuestro Papa jamás quiso salvar la propia vida y tenerla para él, siempre
se dio sin reservas, hasta el último momento", subrayó Juan Pablo II.
Ratzinger recordó los viajes por el mundo realizados por el Papa en sus
26 años y medio de Pontificado, destacando que si al principio era joven
y lleno de fuerzas y al final enfermo, siempre anunció con intensidad
el Evangelio.
"El Papa sufrió y amó en comunión con Cristo y por ello el mensaje de
su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo", manifestó.
Ratzinger concluyó su homilía señalando que jamás se podrá olvidar el
esfuerzo que hizo esta pasada Semana Santa para, marcado por el sufrimiento,
asomarse a la ventana de su apartamento para dar la bendición Urbi et
Orbi.
"Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana
del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, nos bendiga Santo Padre. Nosotros
ponemos tu alma en manos de la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado
cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo", señaló el cardenal
decano.
Entre tanto, las personalidades, la prensa y los asistentes interrumpieron
13 veces la intervención del cardenal en la homilía para aplaudir las
exaltaciones al Papa Juan Pablo II.
Al final de la eucaristía, el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini;
el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I; el primado de la
Comunión Anglicana, Rowan Williams, el patriarca de los Coptos, Stephanos
Ghattas, y el de la Iglesia Apostólica Armenia, Karekin II, imploraron
a Dios que acoja al Papa en su seno.
Ruini lo hizo en nombre de la Iglesia romana y suplicó a Dios que acoja
"a nuestro Papa para que pueda contemplar eternamente el misterio de paz
y de amor".
Los líderes de las otras iglesias imploraron el reposo
eterno, recitando en griego. También participaron todos los patriarcas
de las iglesias católicas de rito oriental.
Sucedió al final de la Misa, durante el rito de la última recomendación
y despedida, pocos minutos después de que los asistentes rompieron en
aplausos de más de diez minutos, mientras pidieron que se declarara santo
a Juan Pablo II.
Un millón de fieles pendientes de la ceremonia
Por las pantallas de televisión, al menos 700 mil personas siguieron la
ceremonia en Roma, mientras otras 300 mil se encuentran en la Plaza de
San Pedro.
El ingreso a la zona de la celebración se realizó de manera lenta y ordenada,
ya que cada uno de los fieles debía pasar por un detector de metales bajo
un estricto control policial.
Se calcula que entre dos y cuatro millones de peregrinos se desplazaron
a Roma para asistir a la misa funeral, aunque sea desde una de las más de cien pantallas gigantes que han sido colocadas
estratégicamente en distintos puntos de la ciudad.
La ciudad de Roma, mientras tanto, amaneció semiparalizada, ya que el
tránsito ha sido restringido y sólo se permite el paso a los medios públicos,
en una operativo de seguridad montado con más de 15 mil efectivos de la
Policía y el Ejército distribuidos en los puntos estratégicos de la capital
italiana.
Al mismo tiempo, en Varsovia, Polonia, la tierra del Sumo Pontífice, sonaron
campanas, sirenas y 26 cañonazos para unirse a la celebración.
Unas 800 mil personas se reunieron este viernes en Cracovia sobre una
explanada para orar y seguir ante pantallas gigantes y en directo desde
el Vaticano la ceremonia de las exequias del Papa Juan Pablo II, según
una nueva estimación de la policía.
(Con información de Efe)
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| La tristeza
y la alegre esperanza que el decano del Colegio Cardenalicio,
Joseph Ratzinger, describió en la homilía, se manifestaron con
cerca de diez minutos de aplausos y con las peticiones de declarar
santo de inmediato al Papa Juan Pablo II. |
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