Rosario de la Divina Misericordia
"Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios. Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salían rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra". Esta visión nos recuerda inmediatamente el tercer misterio de Fátima, que el santo Padre publicó en el año jubilar. Ella continúa escribiendo: "Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia. Pero mi súplica era nada comparada con la ira de Dios. En aquel momento vi a la Santísima Trinidad. La grandeza de su Majestad me penetró profundamente y no me atreví a repetir la plegaria. En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de Dios. Oh, qué grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible es su santidad. No trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal como es. Me puse a rogar a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mí". Sor Faustina continúa describiendo las enormes consecuencias de esta oración: "Cuantió así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el juslo castigo que correspondía por los pecados. Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces".
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