Conocer o desconocer

Qué le agrada a Dios, qué le desagrada a Dios. Eventualmente consideramos actos en nuestra vida como convenientes, o no convenientes, como malos o como buenos. La gran mayoría de las veces tenemos conciencia y pleno conocimiento de las cosas buenas y las cosas malas en nuestra concepción cristiana. Sin embargo hay acontecimientos de nuestro diario vivir que sin tener una doctrina preestablecida sobre ellas, nuestros sentimientos muy internos nos indican que no son agradable a Dios. Y el hecho de no tener una doctrina preestablecida sobre estas acciones no quieren decir que no existan, lo que sucede es que no la conocemos.

Cuantos de nosotros, católicos, no nos hemos sentado por las mañanas a ver por televisión y escuchar al profesor Salomón, y que sin darnos cuenta, nos dejamos llenar de supersticiones. O por el otro canal a una Señora, disque mentalista. En otras ocasiones cogemos el diario, y prácticamente sin darnos cuenta, lo primero que buscamos es el horóscopo, disque para ver que nos dicen los astros, cuál es nuestro número o color de la suerte, que nos depara para el amor. Pero y más delicado aún el vernos inmersos en una sesión de lecturas de cartas, o una gitana en plena calle leyéndonos la palma de la mano.

Recuerdo que cuando tenía 14 años estando en la Playa de el Rodadero, sentado en una banca, no se si por idiota, o por ignorante, me hice “leer” la mano de una gitana, me dijo entonces que la línea del amor para mí era muy pobre, que solo tendría tres novias, y eso sería demasiado, que no tendría descendencia. Dieciséis años después puedo contarles que rápidamente pude contar con los dedos de mis manos 15 novias, y eso de las que me acuerdo, tengo dos hijos, un niño y una niña, los cuales son mis grandes amores, son hermosos, y los concebí con dos mujeres distintas.

En el momento en que la gitana me dijo esto me puse triste, y aunque no justifico muchos actos realizados después, hoy puedo darme cuenta que el diablo sabe como perturbarnos.

Como se llamaba un viejo programa de televisión, Este es mi Caso, ¿cuál es el suyo? lo cierto es que si podía sentir muy, muy dentro de mí que había hecho algo malo. En muchas circunstancias, al encontrarme con estas personas que se hacen llamar mentalitas, brujos o brujas, que leen las cartas, y sin tener conocimiento, sentía que algo estaba mal. Que hay un poder, algo grande, muy grande que le dice a uno, esto no me agrada. Quien ha sentido esto. Todos somos de Dios y podría asegurar que todos lo hemos sentido.

Ahora que sentimos esto, debemos buscar, debemos preguntar, a quién, a Dios, que le agrada, que le desagrada, que quiere de nosotros. Tenemos que dejar de suponer y escuchar los verdaderos mandatos del Creador. Agrego entonces la siguiente cita bíblica

Que nadie de ustedes ofrezca en sacrificio a su hijo haciéndolo pasar por el fuego, ni practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería, ni a los encantamientos, ni consulte adivinos y a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos. Porque al Señor le repugnan los que hacen estas cosas. (Deuteronomio 18; 10 – 12)

También muchos de los que creyeron llegaban confesando públicamente todo lo malo que antes habían hecho, y muchos que habían practicado la brujería, trajeron sus libros y los quemaron en presencia de todos. (Hechos 19; 18 – 19)

No son las únicas citas bíblicas en el que el Señor nos habla sobre estos aspectos, vale la pena seguir preguntándole y seguir escuchándolo, y que al igual que en los hechos de los Apóstoles, confesemos todo lo malo que hemos hecho y llegar a un verdadero arrepentimiento.

La magia y todo el mundo del ocultismo es uno de los mejores medios con que cuenta ahora el demonio para apoderarse de muchas vidas. Basta ver como proliferan los centros espiritistas, la importancia que se da a la brujería y a los maleficios, la popularidad de los horóscopos y de las tablas y multitudes que acuden a las casas de los adivinos. Y todo aparece, aún en los medios cristianos, porque no se da crédito a la Palabra de Dios que reprueba todo esto con gran severidad (Ángeles y Demonios. Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo).

 

BUENA NUEVA